Posted on / by Edgar Romero / in Cultura

Nde Rendápe Aju, la obra cumbre de José Asunción Flores

Además de luchar año tras año con las aguas del Río Paraguay, los pasillos de la Chacarita vieron nacer a muchas figuras del arte nacional. Justamente, hace 115 años, fueron testigos del nacimiento de una de las figuras más importantes de nuestra música popular, el Maestro José Asunción Flores.

El 27 de agosto de 1904, en Punta Karapâ veía la luz José Agustín, hijo de doña María Magdalena Flores, una humilde lavandera y de don Juan Volta, guitarrista de profesión. Un hogar humilde que acogería a quien tiempo después sería el creador de la Guarania.

La Guarania

Melancolía triste en compases de 6/8, acompañadas de líricas tan perfectas que obtienen, en ocasiones, su belleza de lo triste y lúgubre.

Una conjunción armoniosa creada por quién es el protagonista de éste escrito. Fue bautizada con el nombre de Guarania por su propio creador luego de haber recitado el poema Canto a la Raza de Guillermo Molinas Rolón, allá por los lejanos días de 1920 y cuyo legado permanece vivo hasta nuestros días.

Paraguay fue puesto en el mapa musical del mundo gracias a la guarania, ritmo que tuvo su explosión desde el mismo momento de su creación. Nuestro fenómeno musical más importante dio a luz canciones que cuentan con una infinidad de interpretaciones por parte de artistas nacionales e internacionales. Solo por citar algunas: India, Recuerdos de Ypakarai, Mis Noches Sin Ti, Panambi Vera y Nde rendápe ajú.

Nde Rendápe Aju

Y es aquí donde la cosa se vuelve más personal y en una suerte de cruzada evangelizadora, afirmaré que la obra cumbre del Maestro Flores es Nde Rendápe Aju (Junto a tí vengo).

Hablar de Nde Rendápe Aju sin que el corazón comience a latir de una manera disonante y acelerada a uno, es sinónimo de que su vida existe una total carencia de sentimientos.

A mediados los años 30, instalado en Buenos Aires, el Maestro compuso esta obra que toma el título de un episodio muy nefasto, ocurrido -quizás- en 1925, en la ciudad de Luque. El relato cuenta que en una noche que olía a jazmines, azahares y a sangre inminente que se derramaría a raíz de una serenata que rompía el silencio de una tranquila noche.

Enrique Apolinar Barboza entonaba odas de amor a una dama tratando así de ganar su amor o reafirmar éste sentimiento que le atravesaba el corazón. Lastimosamente, esa funesta noche, no sería lo único que le atravesaría el cuerpo. En un momento dado, un disparo calla a los juglares, las melodías se vuelven gritos y el cantor cae, abrazado a su lira y en la ciénaga de su sangre dice «Nde rendápe… ajuhaguére» (Por haber venido junto a ti) y su alma partió junto a Caronte. Hasta hoy nadie sabe sobre el autor del disparo, si fue el padre invadido en ira por el celo o un amante o marido cuya existencia el cantor ignoraba…

Flores escuchó el relato de lo acontecido y toma las últimas palabras del difunto como título y compone la melodía con estructura de poema sinfónico, describiendo con tristes notas el episodio. Este sentimiento de tristeza está tan presente en la composición que en la versión sinfónica se pueden oir de fondo plegarias por el infortunado cantor, una auténtica marcha fúnebre y la imploración a Santa María, que fue incluida dos veces. Esto genero dudas entre algunos sacerdotes, quienes consultaron al Maestro si era verdad que Nde Rendape Aju era dedicado a la Virgen María. José Asunción simplemente respondió que era una oración a la Madre de Dios.

Y para coronar con laureles y flores de pasionaria la perfección de esta obra celestial, la letra es un poema escrito por nada más y nada menos que Manuel Ortíz Guerrero. ¿Cómo no podría ser perfecta una composición que cruza a dos rutilantes figuras de nuestra cultura? Imposible.

La belleza de la música y lo intenso del poema, lo hacen una obra maestra. Hasta hoy día (aunque ya no se practica, pero yo lo volveré a hacer) es una de las más lindas canciones para serenata que alguna vez se ejecutaron. El poema la compuso Manú en 1913-1914 y la musa y destinataria fue la guaireña Iluminada Arias.

Y el destino, dirán algunos, es grande, ya que el Maestro cuenta que su incursión en la música ocurrió a causa de robar pedazos de pan de algún negocio en los alrededores de la Parroquia San Roque. ¿El castigo por esta fechoría? Lo obligaron a asistir como aprendiz en la Banda de Músicos de la Policía y fue alumno del Maestro Félix Fernández. Ironías del destino, de roban pan a creador de la guarania.

Conocer la historia de nuestra música popular es valorar lo que significa, apreciar y rescatarla de las arenas del olvido, darle importancia que se merece a la tremenda creatividad compositiva que por aquellos años gozaba la pléyade de brillantes músicos y poetas que nos dejaron un legado cultural que es difícil de dimensionar y que hoy nos debe llenar el pecho de orgullo, como paraguayos.

Para terminar, quisiera compartir las palabras de quién me hizo amar esta obra del Maestro Flores, una obra que, a decir de una persona muy grata a mi cariño, es de sentimientos que causa la unión de dos almas.

«En la música de José Asunción Flores hay verdad, hay una verdad rutilante, contundente, esa es una música que nos toca ancestralmente, estamos en la China y un chico que nació en el Paraguay va a sentir esa música y la va a sentir suya… si tuviera que rescatar una grabación de un incendio, rescataría la versión sinfónica de Nde Rendápe Aju.-

Maneco Galeano.

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