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La odisea Reciclarte

Caravana de peregrinos bajo un sol infranqueable, más de doce horas de show, la cerveza que se puso escasa y el enojo de los 2 minutos. La cuarta edición del Pilsen Reciclarte, una verdadera odisea en San Bernardino.

Puntualmente el reloj marcando las 14:00 subiría a escenario la banda Polka Stereo. Recién llegados de Concepción, vestidos a puro traje y corbata, el grupo que se ganó un lugar en el festival gracias al público que participó del desafío propuesto por la organización, entregó lo mejor de sí para la difícil misión de abrir un telón de tamaña magnitud.

Un poco más tarde, The Crayolas irrumpía la escena que empezaba a ajustar decibeles de cara lo que sería una jornada histórica. Afuera, miles de aficionados empapados en sudor no cesaban en llegar al recinto que lleva el nombre de quien fuera el más grande artista de la música nacional: José Asunción Flores, tributado dignamente por la intervención de Jaime Zacher y los chicos de  Bohemia Urbana en su turno. ¡La fiesta ya estaba armada!

Foto: Pedro Lezcano.

Llegó así el momento de la primera agrupación internacional: El Kuelgue, con el carismático Julián Kartún liderando la puesta. Pese al abrumador calor aún por esas horas, los fanáticos cumplieron, acompañando y delirando con cada tema. Así mismo, Kartún cumpliría con sus fans, saliendo del sector de camerinos para estrecharse en abrazos con los mismos. Posteriormente Bersuit Vergarabat tomaría la posta, deleitando a un público encendido que coreaba sus temas más conocidos.

La masa que crecía y crecía hasta hacerse por completo con las calientes tribunas del anfiteatro se encontraría nuevamente con una propuesta local, a puro ritmo de baile La Nuestra se haría lugar en más de un corazón ‘rockero’.

Quizás la postal más romántica de la tarde tendría lugar con Los Cafres, mientras el astro inmolador se perdía en las aguas del imponente lago Ypacarai, quien también ganaba protagonismo por su posición privilegiada para la vista, marihuana con fuerte aroma a prensada y los últimos vasos de birra bien cargados nos dejaban una imagen que probablemente sea muy difícil de olvidar.

Foto: Vannia Sánchez.

Los argentinos entonces darían paso a una legendaria banda del rock nacional: La Secreta, con Mike Cardozo sentado en una silla por la enfermedad que lo aqueja, situación que no significaría impedimento alguno para hacer vibrar a los presentes.

Ya cerca de las 22:00 subía La Beriso, que con Rolando Sartorio al frente -en una explosión de energía-, haría deleitar con sus canciones a un montón de asistentes que hacía rato esperaban ese momento. La Beriso además interpretó un cover de Bronco: «Corazón Duro«, el cual fue bien recibido y adelantó un poco de lo que en el mismo lugar sucedería al día siguiente.

Al borde del sumun del festival llegaría el tiempo de Villagran Bolaños, con toda la vitalidad que los caracteriza, brindando un show tremendo y con un pequeño toque de consciencia, visualizando en la pantallas del recital frases como: “¿Dónde están nuestros bosques?, ¿Qué pasó en Curuguaty?, ¿Dónde está Edelio?, ¿Y las secretarias VIP?, ¿Por qué el país colapsa con cada lluvia?, ¿Quién dio la orden de matar a Rodrigo Quintana?” en medio de su tradicional canción “Se vienen los zombies”, para culminar con otras como: “Queremos salud, queremos trabajo, queremos educación”, mientras una lluvia de fuegos artificiales complementaban el mítico escenario.

Foto: Ileana Cabrera.

A tal altura comenzarían los primeros problemas de la noche, puesto que las cantinas colapsarían, encontrándose las mismas frente a la falta de bebidas espirituosas, gaseosas y hasta agua para aplacar la sed de un centenar de almas. Al respecto, varios presentarían aireadas quejas al viento, llegando incluso a tensionar el ambiente ante la posibilidad de un hipotético enfrentamiento con los encargados de seguridad.

Pero justo en la cornisa de un mal rato, la organización del evento lograría recargar sus heladeras, dejando nuevamente todo a punto para la presentación de Ciro y los Persas. En la ocasión, el conjunto bonaerense tuvo en sus filas al saxofonista paraguayo Bruno Muñoz, quien fue ovacionado por la multitud al ser mencionado en los micrófonos.

Con el ex piojo a la cabeza, los persas lograron la mayor atención posible por parte del gentío que adentrado a las primeras horas del domingo vivía una odisea digna de una producción que pese a pequeños percances, no dejó de mostrar favorables signos de un Paraguay como atractivo único para mega eventos multitudinarios y significativos.

Aunque esto último tal vez lo puedan poner en tela de juicio los 2 minutos, quienes, punks y todo el repertorio anti policial encima, denotaron claras muestras de molestia en su presentación pactada para las 01:45, y efectuada una hora más tarde. Situación que expuso a que un gran flujo de personas, ya también extenuadas por el trajín propio de los conciertos largos, abandonara el recinto.

Fue principalmente en la voz de Pablo Blinsky de quien se escuchó en varias ocasiones tararear el estribillo de la canción ‘Tan Solo’ de la banda antecesora, cuestionando que: “Todo bien con ellos, pero: ¿Por qué pueden tocar tanto tiempo y nosotros no?”. No obstante, tal puesta en escena hizo a todos volverse locos coreando “Valentín Alsina” con tanta intensidad, cual si fuera la primera vez en sus vidas.

AVISALE A LOS PERROS: