Posted on / by Edgar Romero / in Cultura

India, la historia de la guarania de la discordia

Un aniversario más del nacimiento del Maestro José Asunción Flores y Día de la Guarania. Hoy puedo hablarles, nuevamente, sobre la gloria máxima del cancionero popular paraguayo, que es Nerendápe Aju, como siempre, como lo haré hasta el fin de mis días. Pero no, dentro del contexto de recordación de nuestra herencia cultural quizás mas importante, hablaremos de India, que también tiene firmas de Manuel Ortiz Guerrero y del Maestro Flores.

Nos cuenta Mario Rubén Álvarez que en el Número 53 de la revista Okára Poty Kue Mi, que vio la luz en 1928, India traía dos letras, que por aquellos años y certeza de documentación de Mauricio Cardozo Ocampos, fue compuesta por el Maestro Flores.

La primera poesía estaba firmado por magnánime Manuel Ortíz Guerrero y la segunda, por el sampedrano Rigoberto Fontao Meza.

¿Mba’e la oikóva?

En cuanto a la música, que como es característica en algunas obras del Maestro creador (o al menos para mí) tienen ese toque de melancolía, ese toque oscuro y triste hasta si se quiere, ya está ubicada en la línea del tiempo años antes, compuesta por inspiración que brotó de los indios Maká del Chaco, con quienes Flores había compartido un tiempo y los había visto bailar en el jasy renyhe (luna llena) para ahuyentar a los espiritus del mal. Cuentan los cronistas del Maestro, que al cruzar el Río Paraguay de nuevo, ya vivía en su espíritu de la melodía de esa guarania.

Para la siguiente parte, me tomo el atrevimiento de citar enteramente a Mario Rubén Álvarez, ya que no pudo haber sido expresada de mejor manera:

“Como Flores, desde el comienzo, era ambicioso, ideó su obra con la forma de ballet sinfónico coral. La primera parte le salió no tanto de las manos como de las venas. En la melodía se representaba el mundo mítico de los indígenas. Los Maká habían servido de punto de partida, pero allí estaba sintetizada la cosmovisión guaraní, creando y recreándose en el maravilloso jasuka.”

Una vez terminada la segunda parte, Rigorberto Fontao Meza le puso letra, como ya lo había hecho con otras obras del Maestro de la talla de Arribeño Resay. India había nacido, pero no es la misma India que llego hasta nuestros días, aquella que habla de la dulce montaraz guayakí que también sabe soñar.

Una buena noche, el Maestro Flores y unos amigos le llevan una hermosa serenata al Guaireño de Oro, ya que en aquellos días, era perfectamente normal ésta practica entre amigos, no limitándose exclusivamente a hacerlo a una dama. Manuel Ortiz Guerrero quedo maravillado con la canción, con la melodía pero no así con la letra, sentía no que no encajaba con la grandiosidad de la canción; días después le propuso escribir una poesía para su obra.

El maestro Flores dijo que podría ser solo si su coautor accedía, Fontao Meza dijo que sí, pero esperaba en el fondo de su corazón que Flores no acceda al pedido de su amigo.

El resto de la historia podemos escuchar en la magistral obra, tanto en letra como en música en una de las guaranias más hermosas y representativas de nuestro cancionero.

En sus memorias, José Asunción Flores comenta:

Rigoberto nunca me perdonó esa actitud mía. Éste resentimiento lo llevó hasta la tumba. Me retiró su amistad. Y hasta el saludo.

 

Ilustración de portada: Última Hora.

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