Posted on / by Edgar Romero / in Cultura

Un 12 de junio diferente, en memoria de los olvidados

‘Paz del Chaco’, como la suelo apostrofar, ya que remitiéndonos a datos plasmados en textos escritos por protagonistas de la última batalla de la Guerra del Chaco, la de Ingavi – Pozo del Tigre, el cese final de hostilidades recién llegó al frente de combate el 14 de junio de 1935 y fue cumplida a las 12:00 del medio día. Es decir, ese 12, incluso el 13 de junio aún nos estábamos dando a balazos entre paraguayos y bolivianos en las trincheras de la hoy “Picada Histórica” que une los Destacamentos Lagerenza y Palmar de las Islas, en lo más recóndito del Chaco.

Pero hablemos del 14 de junio, como siempre digo, la verdadera fecha de la Paz del Chaco. Trato de imaginarme ese cambio brusco que ocurre al medio día, cuando sonó el último golpeteo de metralleta en toda la línea de batalla, trato de imaginarme al pila ignorando la orden expresa del General Estigarribia de mantenerse en las posiciones y no hacer contacto bajo circunstancia alguna con el enemigo y saltando de su trinchera para dar un abrazo al bolí que hacía menos de 24 horas le disparaba a mansalva. Trato de imaginarme todo eso y lo único que puedo concluir es que ningún soldado tuvo maldad en su corazón, si cometieron actos horrendos, fue porque la guerra los hizo hacerlos y la guerra no la hicieron ellos.  La guerra la hicieron los políticos, los banqueros, los dueños de petroleras. Aquel señor vestido de traje y que en la comodidad de su fastuoso hogar esperaba noticias del frente de combate para poder calcular los dividendos en sus ganancias. Si existe un dios, ojalá que los esté haciendo pagar.

Cuentan algunos textos con anécdotas, vivencias y diarios de los protagonistas, que el paraguayo, haciendo honor a su tekó paraguay, como diría Helio Vera, aparte de abrazar al boliviano, le hizo presentes. Le regaló el peine, la caramañola, la hebilla del cinto, le mostró la foto de su amada y de su hija y allí en el medio del monte chaqueño, ante la mirada atónita del incrédulo ex enemigo, con un abrazo y un apretón de manos, firmaron aquel 14 de junio de 1935 la verdadera Paz en el Chaco.

Los políticos y sus plumas mentirosas se encargaron de mancillar ese acto de caballeros descalzos, con la codicia en sus almas, relegaron a los verdaderos protagonistas hasta el más último escalón, a tal punto de muchos de los veteranos tuvieron que enfrentar otra guerra después del Chaco: la guerra contra la miseria, contra el abandono, contra el hambre, contra el estrés post-traumático y el alcoholismo.

Hoy, me gustaría que dejemos de spamear las redes con el tan gastado 13 Tuyuti y rindamos homenaje a ese paraguayo desconocido que quizás hace décadas fue enterrado en las arenas de la ignominia, del olvido a pesar de haber sido siendo el verdadero artífice, el hacedor de la Paz en el Chaco.

Paz en tu tumba, Soldado Desconocido.

 

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